Gimnasia-Nadia Comaneci: Mi mayor orgullo es que aún se acuerden de mí.

Enviado por roberto el Sáb, 27/01/2007 - 10:27

La gimnasta rumana Nadia Comaneci, nacionalizada estadounidense, la primera que logró un 10, la puntuación perfecta, en unos Juegos Olímpicos (Montreal 1976) ha reconocido que su mayor orgullo es que treinta años después de eso la gente aún se acuerde de ella.

A sus 45 años, estuvo ayer en la Gala del Deporte de Mundo Deportivo de Barcelona para recoger el galardón a la Mejor Deportista Internacional del Siglo XX, un premio otorgado por la votación de los lectores de dicho rotativo.

Ha sido una verdadera sorpresa para mí que me elijan como la mejor en un periodo tan largo como cien años, en el que han existido muchos deportistas que quizás han sido mejores que yo, especialmente porque tenía apenas 23 años cuando me retiré del deporte de alta competición, pero no voy a negar que me siento muy, muy satisfecha, ha comentado al recibir su galardón.

Fue la campeona olímpica más joven de la historia. En Montreal'76 logró tres medallas de oro, una de plata y una de bronce y siete puntuaciones de diez en sus actuaciones. En Moscú'80 sumaría dos de oro y dos de plata y cuando se disponía a participar en Los Angeles'84 los países socialistas abandonaron los Juegos por boicot a los Estados Unidos. Fue el final de su carrera deportiva.

En noviembre 1989, con 28 años, abandonó su país, en una huida auténticamente de película, después de andar seis días bajo la nieve hasta llegar a la frontera de Hungría y pedir asilo político en la embajada de Estados Unidos en Viena.

En 1996 volvió a Rumanía, ya con un régimen democrático, para casarse con el bicampeón olímpico de gimnasia estadounidense Bart Conner.

Ahora vivo en Norman (Oklahoma) y con mi marido dirigimos una escuela gimnástica en la que tenemos 1.000 estudiantes y 45 entrenadores. Mi marido y yo les trasmitimos nuestras experiencias y esperamos tener pronto un gran campeón, dijo.

Yo ahora apenas me puedo entrenar. Mi trabajo es viajar por todo el mundo para realizar promociones para diversas firmas deportivas e instituciones deportivas; soy como una embajadora de buena voluntad, comentó.

Sobre el momento actual de la gimnasia femenina indica que está en un momento de expansión porque los grandes dominadores de los últimos años como Rusia, China, Rumania, incluso Estados Unidos, se ven sorprendidos por la llegada de nuevos países con un alto nivel.

España es uno de los que ha tenido una gran progresión en todos los acontecimientos mundiales. Eso es bueno para nuestro deporte y creo que eso llevará a más innovaciones, dijo.

Cuando se le pregunta si Rumanía, su país, puede descubrir a una nueva Nadia Comaneci, es muy rotunda en su respuesta: La están buscando desde hace tiempo. Tenemos gimnastas de altísimo nivel y lo demostraron en los últimos Juegos Olímpicos. Además, están realizando un gran trabajo de la mano de uno de los mejores entrenadores que existen y que yo conozco bien como es Octavian Belu, entrenador del equipo nacional femenino desde 1981.

Actualmente es vicepresidenta del consejo de Dirección de Specials Olímpics, presidenta de honor de la Federación Rumana de Gimnasia, embajadora de Deportes de Rumanía y miembro de la Fundación de la Federación Internacional de Gimnasia. Condecorada por dos veces con la Orden Olímpica, también trabaja en numerosas organizaciones benéficas.

Nunca ha olvidado sus orígenes. Crecí en la Rumanía comunista, pero me enorgullezco de decir que nuestro país es ahora democrático y está prosperando desde la revolución en 1989.

Uno de su actos benéficos de más relevancia es la construcción del hospital, una institución médico-social para niños pobres y huérfanos que lleva su nombre en Bucarest. Un proyecto al que ha dedicado los últimos tres años, en el que se han invertido más de un millón de euros y que piensa inaugurar este mismo año.

Pero su mayor orgullo es su hijo Dylan Paul, nacido en junio del año pasado cuando ella tenía 44 años. El bebe se llama Dylan en honor al cantante Bob Dylan y Paul en honor al ex entrenador, socio de su marido y padrino del niño, Paul Ziert. A Nadia le brillan los ojos de una manera especial al hablar de su bebé y comenta: Las medallas son muy importantes en la carrera de un deportista; lo máximo a que aspira. Como mujer el ser madre es algo mucho más importante e incomparable; se podría decir que ésa es mi medalla de platino.