Ecuador: Luis Fernando Suárez, el hombre del milagro.
Tras la senda de Pacho Maturana y Bolillo Gómez, Luis Fernando Suárez ha culminado la progresión, ha llevado a Ecuador al mejor puesto en su historia y, con la clasificación a los octavos de final del Mundial, ha tocado el cielo.
Según la última clasificación de la FIFA, la selección ecuatoriana es el trigésimo noveno equipo del mundo. De acuerdo con sus méritos en Alemania, el conjunto que dirige Luis Fernando Suárez ya es uno de los dieciséis mejores y no se pone límites.
El mérito es de este colombiano de Medellín, un técnico prematuro que, como el español Rafa Benítez (campeón el Liverpool con el Liverpool) supo pronto que su puesto no estaba en el terreno de juego, sino en la banda.
Volante de corte defensivo y campeón de la Copa Libertadores con el Atlético Nacional (1989), Suárez siguió el consejo de Maturana y, con 29 años, se hizo técnico, con un propósito: Quiero conseguir como entrenador lo que por mis condiciones futbolísticas no pude.
Suárez no se ha saltado ningún paso para lograrlo. Durante una docena de años fue asistente técnico, a menudo de Maturana, a quien considera su padre futbolístico, y aprendió que sólo se puede progresar con humildad.
Después de conquistar el torneo de Toulon con los sub'21 de Colombia, a los cuatro o cinco meses de lograrlo, fui campeón de la Liga colombiana y, ahí, cometí el error de creer que no tenía que aprender nada más, ha señalado.
Fue un error gravísimo, me volví presuntuoso y, lógicamente, la vida y el fútbol me lo curaron. Después de esos triunfos, fracasé en dos equipos y estuve un año sin trabajar. Eso me ayudó a mirar lo bueno y lo malo y a saber que si uno está bien o mal no es responsabilidad del fútbol, sino de uno mismo. Esos fracasos me ayudaron a llegar adonde estoy, añade.
Casado desde hace 23 años y padre de tres hijos, Suárez asegura que el factor decisivo en una Copa del Mundo es la elección de los jugadores, porque son los que van a dar el perfil del equipo.
Antes de un partido, deja que sea su ayudante el que hable del rival y, después, toma la palabra para explicar lo que quiere que sus jugadores hagan en el campo. Los últimos minutos los dedica a motivar al plantel.
En Alemania, concentrado con su equipo en Bad Kissingen, ha tomado notas sobre cómo ejercer el liderazgo, de un libro sobre la vida del ex secretario de Estado estadounidense Collin Powell, y ha utilizado el tenis y la carrera a pie para olvidarse del fútbol, para descargar adrenalina.
Porque, desde el triunfo ante Polonia, la principal misión del entrenador de Ecuador ha sido aislar a sus jugadores del ambiente de euforia que los rodeaba (No vinimos a ganar un partido) y meterlos presión, para que no se confiasen frente a Costa Rica.
Tuvo su reflejo en el campo. Ecuador fue superior a Costa Rica y con su claro triunfo por 3-0, ingresa en los octavos de final, por primera vez en su historia, de la mano de un entrenador que se ha fijado un plazo de cinco años para probar fortuna en el fútbol europeo.