Aucas, ídolo y pan de cada día
Con un golazo del siempre atrevido y eficiente Miguelito Ibarra (80min) Aucas transformó el pesimismo en felicidad. Espoli se jugó el partido del año. Atacó siempre, estrelló un balón en el poste, le perdió el respeto a lo largo de los 90 minutos, pero cuando muchos sacaban la artillería pesada y empezaban a insultar a los familiares del ídolo, vino el espectacular impacto del defensor- ofensor, para dejar que el sufrimiento de los 35 minutos del complemento se conviertan en la explosión delirante de los hinchas que volvieron a creer en el “Papá”.
Se ha dado el primer paso como local, faltan 10 finales más. Así hay que salir a jugar las batallas dominicales, con los dientes apretados y el cuchillo en la boca. Es cierto no hay que vivir de la historia, pero es importante recordarla y mantenerla vigente.
Gabriel García, golerito visitante, voló como los ángeles, sacando balones imposibles, conjurando el ímpetu de los “expetroleros” que pudieron anotar en un par de ocasiones. Dueños del campo, ideas y balón, Cazal y Delgado, extremaron su ingenio para llegar con claridad hasta la portería rival.
En el tiempo de la verdad, tres toletazos estremecieron el marco de Costa, que atemperó la fiebre, con salidas oportunidades e intervenciones brillantes. Pero cuando nadie lo esperaba, apareció “San Miguelito” y con impresionante bombazo hizo añicos el arco policial que se mantuvo incólume hasta la aparición de este jugador que tiene una vocación ofensiva realmente espectacular.
Ante Espoli, lo realmente trascendente fue volver poco a poco a las antiguas emociones, al “hambre de triunfos”, al sacrificio, a la vocación, al esfuerzo irrestricto, con un DT que no arrugó, que utilizó el método de análisis para que el equipo prevalezca, ajeno a la fe ganadora que tiene hoy.
Cuando un equipo que está metido en el corazón de su hinchada, busca un equilibrio emocional a través toque rápido y desconcertante, crece la idolatría y crece el amor por la divisa, aquella que se vuelve parte de una sociedad que aplaude y rechaza, que sonríe y llora.
Por eso es que la victoria mínima (1-0) ante el Espoli, ratifica la postura de lucha, esfuerzo y extenuación. La inspiración de Miguelito Ibarra, autor de un golazo, aquellos que vemos solamente en finales, cerró una tarde donde el corazón corrió a 200 kilómetros por hora.
Aucas, siempre fue corajudo, bravo e ídolo. Todos los quiteños de antes, tenían en el ídolo al bálsamo para sus penas. No importaba mayormente que la leche esté cara, que el pan este duro, que los pasajes hayan subido. Si Aucas ganaba, todo se podía aceptar, pero si perdía, el remolino de insatisfacción afloraba espontáneamente. Era el equipo del pueblo de la gente humilde y trabajadora, de aquellos que pagan su entrada, así al otro día no desayunen. Por eso era más duro, defraudar, por eso era complicado salir del estadio sin entregar todo.
Después de casi seis décadas la pasión es la misma. Ahora está el extraordinario zaguero goleador Miguel Ibarra, el paraguayo ”Rey de la Chilena”, Lauro Cazal, el bailador de malambo en el área, Jimmy Delgado. Ellos tienen la misión de rescatar el pudor y el prestigio de una institución que aspira a una navidad feliz, retornando al sueño de antes, donde todo era felicidad y prosperidad.
SD AUCAS .- Jerónimo Costa, José Quinteros, Federico Alonso, Jesús Solís, Miguel Ibarra; Edwin Méndez, Santiago Mallitasig, Nélson Lara (Roberto Garcés 68 min), Jairo Padilla, (Víctor Gómez 50 min); Lauro Cazal, Jimmy Delgado (Nea Padilla 86 min).
Gol: Miguel Ibarra (80 minutos)
DT: Juan Ramón Silva
ESPOLI .- Gabriel García; Eder Moscoso, Daniel Patiño, Beder Caicedo, Cesar Padilla; William Araujo, Diego Álava, Adonis Santa Cruz; Christian Quintero, Ronald Champan y Fernando Lara.
DT: Carlos Calderón
ÁRBITROS: Central: Mario Geovanny Romero; A1: Édgar Armando Narváez; A2: Ángel Manuel Ulloa. Cuarto: Cléver Mauricio Freire (de buena actuación).
Por: Gonzalo Melo Ruíz