Enner Valencia, el Héroe de Curitiba

Enviado por robert el Lun, 23/06/2014 - 17:12

Las pinceladas de Enner Valencia (34 y 65 min), el héroe del “Arena da Baixada” (Curitiba) y la cereza del pastel del notable “Dida”Dominguez determinaron el triunfo indiscutible de la “Tri” ante el combativo y rústico Honduras. No hay tiempo para festejar. El mensaje de hombría, capacidad y temple, está más vigente que nunca. Fueron 94 minutos de sufrimiento, desesperación y solo al final de manos levantadas hacia el cielo. Pero así se gana la idolatría, así se escribe con mayúsculas la historia deportiva de un país diferente, luchador, corajudo y ganador.

 

Desde el primer segundo Ecuador mostró un fútbol solidario, mandón, solvente, rápido que dejó sin reacción ni piernas al desconcertado rival, que aprovechó un desatino de Guagua, para ponerse en ventaja, tras avivada de Carlos Costly (31min) que no pudo anticipar en la contención.

 

Fue un golpe a la mandíbula que a cualquier otro equipo lo hubiera dormido, pero fue todo lo contrario, las 12.000 personas presentes en el fortín de Curitiba levantaron a Enner y lo llevaron a ser uno de los grandes aportes por el sector central del ataque ecuatoriano.

 

Tres jugadas electrizantes. Dos arranques de Felipao, y otro del indescifrable Jefferson Montero, ofrecían un panorama alentador. Honduras apelaba a la agresión a mansalva de los “Catrachos” ante la mirada complaciente de un juez permisible y totalmente equivocado.

 

Pero todo era cuestión de paciencia y solidaridad. Ahí aparecieron los guerreros  de siempre.  A los 34, la “Hormiguita” Paredes en una noche de inspiración, con talento y precisión, clavó el balón en el área, que se cruzó mágicamente, como pidiendo la presencia del elegido del gol, llegando Enner que de zurda, magistralmente, acarició el querido “Brazuca” para poner la justicia en una lucha sin cuartel. El cemento del estadio “Arena” se estremeció. El 1-1 ponía algo de justicia al espectacular encuentro de Ecuador.

 

En la complementaria, Ecuador dueño del balón, ideas y producción meritoria en el medio campo, recibió la escapada del excelente Jefferson Montero, que fue derribado por el destroncador Brayan Beckeles, permitiendo que aparezca la calidad de Walter Ayoví Corozo, que cobró de zurda, clavando el balón en las entrañas del enemigo, dejándolo sin conciencia, tras el soberbio cabeza de Enner que se elevó como un ángel que quería llegar al cielo, poniendo el inolvidable 2-1.

 

¿La actitud de hombres ganadores y luchadores. ¿Debió ganar la Tricolor? ¡Pero por supuesto! Eso es lo que vimos en la impecable cancha del Arena da Baixada” (Curitiba). Nadie puede discutir que nuestra selección  tuvo todo, pero realmente todo a su favor, para escribir la nueva historia ante la inquietante Honduras. Fue nuestra tarde,  jugamos con garra, fuerza, garra y corazón, hoy patrimonio de los “tricolores”. Por eso la puja avanzó sin sobresaltos.

 

A veces parsimonia, en otras vértigo. Ecuador se movió con criterio, tocó el balón, cambió de ritmo, metió pases profundos, con la sapiencia de un Antonio Valencia preciso y desbordador, obligando a los rudos Brayan Beckeles y  Boniek García a  utilizar las malas artes, casi siempre agarrándose con las uñas de la cornisa donde jugaron todo el partido, siendo amonestados, mientras sus desfallecientes compañeros, sin ideas, perdían  el duelo en la zona vital del fútbol, con laterales que eran fácilmente superados por las saetas ecuatorianas.

 

Ahora viene la temible Francia. Pero con los mismos argumentos de lucha, decisión y coraje, la decisiva batalla hacia los octavos de final tendrá a una selección nacional en su punto, con la característica de llegar incentivada por la victoria ante Honduras y la idolatría de 14 millones de ecuatorianos que gritaron su alegría al mundo del fútbol.

 

Por: Gonzalo Melo Ruiz