Ecuador, ya pasó el dolor, ahora viene la furia
Ese coqueteo con la gloria ante Suiza, cuando estuvimos a un segundo de la gloria, con el ingreso atrevido de Michael Arroyo, que tuvo la marca férrea de Von Ver, nos hizo pensar en grande, pero como suele suceder, cuando más se desean objetivos inalcanzables, vino el mazazo final ( Haris Seferovic 90 + 3 min) golpeando en forma directa al corazón de miles de ecuatorianos, que aplaudieron, hicieron fuerza, que nunca se cansaron de alentar, que apoyaron la filosofía de jugar para ganar, con el magistral cabezazo de Enner Valencia (22min), los mágicos desbordes de Jefferson Montero, que tuvo ingenio, precisión y coraje, hasta cuando estuvo en el campo de juego y finalmente, el espectacular partido de Cristhian Noboa, que tuvo la prestancia, precisión y anticipo en un partido duro, complicado y solo al final, insólito.
Tras cinco minutos de claridad y atrevimiento, Ecuador consolidó pausa y claridad, con salidas rápidas de Noboa y Montero. Ecuador mostró potencia, solidaridad, generosidad y un temible despliegue de ideas. El mazazo inicial lo transformó en cargas inagotables que siempre corrieron a 200 km por hora. Aquella versatilidad inicial, junto a un planteo exitoso y sorprendente, sobrio y sin sonrisas, nos quitó cualquier duda. Ecuador lució tan efectivo cuando escalonaba, junto a un moderado superávit en la posesión del balón, tras la reacción de Suiza, que pese a todos los intentos salió de perdedor en la parte de inicio.
Curiosamente, cuando todos alimentábamos la esperanza de un rendimiento creciente, vino el primer descuido, cuando “Dida” Domínguez, se queda sembrado, no sale al atrape o rechazo, permitiendo que Admir Mehmedi (48min) nos quite la respiración. Guagua y Erazo se recriminaron con la vista. Luis Antonio Valencia no llegó al desvío del balón con su cabeza. Fue un segundo de terror.
Pese al contraste, Ecuador marcó los tiempos, puso inteligencia, pausa, rigor, amistad y solidaridad; la búsqueda permanente e incesante de espacios provocó la desconcentración en la defensa, cuando trepada totalmente, no midió el contragolpe, no cerró el partido, con un líder que ordene en los momentos cruciales y finales, que grite y ordene posiciones, que agarre del cuello a los fornidos suizos, que estando en el infierno, subieron como ángeles al cielo.
Pero fue en la segunda parte donde Ecuador tuvo momentos de lucidez ya que tras el 1-1 no perdió la compostura, imponiendo solvencia y rapidez. Rueda, DT de Ecuador mostró su temperamento ganador al mandar al campo de juego a Michael Arroyo por Felipe Caicedo y a Joao Rojas por el cerebral Jefferson Montero. Es cierto, las modificaciones no tuvieron el éxito esperado, los dos nos quedaron debiendo, al igual que Antonio Valencia, “Hormiga “Paredes, “Dida”Dominguez, Carlos Gruezo, Jorge Guagua y Fricson Erazo.
No fue nuestra tarde. Jugamos con talento, inteligencia, garra, fuerza y corazón. Curiosamente todo esto, que es bastante, no alcanzó. Por eso, el dolor solo duró 24 horas, tal como una victoria. Y aunque los agoreros del desastre, ya no creen en los tricolores, como si ya se hubiera terminado el campeonato y estuviéramos eliminados, es hora de pensar en el criterio impuesto para llegar a la cita de los grandes, a imponer parsimonia y vértigo. Es cuestión de imponer criterio, tocando el balón, cambiando de ritmo, metiendo pases profundos, con la sapiencia de un Antonio Valencia, que debe volver a su posición habitual y ser el aporte preciso, centrador y desbordador, del Manchester United.
La personalidad avasallante de Ecuador se debe mostrar ante el rústico y peligroso Honduras. Debe volver a sus raíces, sin equivocaciones ni justificaciones. No hay tiempo para el lamento. El mundial es un pestañeo. Hay que recobrar fuerzas y calma para ganar y aspirar a los octavos de final. Se debe volver al tratamiento prolijo del balón; a la extirpación del pelotazo como una fórmula ofensiva y al superávit de juego que nos permita, ahora sí, salir por la puerta grande.
La actuación de Ecuador fue digna. Suiza nunca nos peloteó ni nos humilló. Pese al favoritismo que le daban las estadísticas, al final se conformó con el empate, pero la diosa fortuna les dio la oportunidad de probar el contragolpe que fue eficaz y ganador. Ni ellos mismos lo creían, cuando el juez decretó la finalización del partido. Habían triunfado ante un rival que un segundo antes, los mandaba de nariz al infierno.
Después de todo lo explicado, hay una gran verdad: Los planteos tácticos de Ecuador con aciertos se han traducido en éxitos permanentes, demostrando con ello que todavía se pueden despachar rivales, en forma abrumadora y casi inverosímil.
Eso es lo que esperamos ante Honduras. El examen mental-individual de los “Tricolores” será el mejor aliado para pensar en la reivindicación. ¡Dios lo quiera así!
Por: Gonzalo Melo Ruíz