Ecuador, derroche de temple y talento
La tensión y dientes apretados será el sinónimo de lucha en el polémico mundial de fútbol Brasil 2014. El domingo 15 de junio, ante la corpulenta Suiza, se inicia el sueño de mejorar la inolvidable performance del 2006. Será el compendio de ilusiones y proyectos, de asumir el ida y vuelta con una actitud diferente, de no ceder un centímetro de cancha y buscar a través del talento, las descolgadas de los laterales, la lucha pertinaz de los volantes de corte, las jugadas inverosímiles de los creativos y finalmente la explosión de gol.
Dotes de liderazgo. Sin perder aquella firmeza, seguridad y dotes de conducción, el peso anímico debe prevalecer en el partido de debut. Si la mano le viene cambiada, la esencia colectiva debe prevalecer ante el nervio que pueden presentar los tricolores, que tienen la capacidad de resurgir en los momentos claves de los cotejos. Ya lo demostró ante Australia.
Equipo encarador. Si la consistencia de esquema ha sido su mejor característica, los postulados de trabajo deben crecer, junto al esfuerzo, la transpiración y solidaridad de todos. Su formación base es poderosa, con un arquero como el “Dida” Domínguez, que tiene ubicación y don de mando; una línea defensiva que tiene porte, convicción y elevada técnica, con la “Hormiga” Paredes, Jorge Guagua, Fricson Erazo y Walter Ayoví Corozo; una línea de volantes donde Cristhian Noboa (Carlos Gruezo) , Édison Méndez, Antonio Valencia y Jefferson Montero, sean los portadores de la dinámica y solvencia de un equipo por sobre todas las cosas luchador e inteligente; dejando el grito de gol en la prestancia y velocidad de Felipe Caicedo y Enner Valencia.
La inteligencia y el trabajo. Reinaldo Rueda, DT estudioso y pragmático; Alexis Mendoza, visionario del fútbol moderno; Carlos Velasco, un trabajador eficaz del cuerpo, alma y mente y Pedro Zape, preparador de goleros, han ido moldeando un equipo combativo, fiel representante de la garra, tradición y laboriosidad de un pueblo que aplaudió las grandes jornadas de clasificación.
Hambre de gloria y triunfo. Por su constitución, la TRI, cuenta con un plantel de competencia. Hombres fornidos, experimentados, jóvenes y explosivos, que han consolidado un rendimiento aplomado y positivo. Por su jerarquía, capacidad y velocidad es un gran candidato a superar los octavos de final, peldaño clave hacia la conquista de grandes satisfacciones. El mayor capital anímico, catorce millones de ecuatorianos, estarán pujando siempre en los tres cotejos ante Suiza, Honduras y Francia.
Fe, convicción y esfuerzo. Y ahí está otra vez, entre los grandes, con esfuerzo propio y entrega total. La TRI de los milagros, tuteándose con la gloria, levantando los brazos, como queriendo llegar al cielo y atrapar las nubes de la consagración. Las ilusiones intactas y los puños apretados, junto a la prestancia, atrevimiento y coraje de todos, serán las armas de competencia noble. No hay lugar al error, todo será planificado y exitoso. ¡No nos cabe la menor duda!
Quisiera soñar que en este mundial Ecuador muestre su poderío, que no solo se basa en el talento incomparable de sus jugadores, sino que supere la eficaz organización, sobre la base del poderío espiritual. Y si a ese elemento intangible, pero decisivo a la hora de la verdad, sumamos una gran preparación física y mental, asimilando estrategias y tácticas, solamente ahí sabremos a qué estamos jugando.
La idea de tener una identidad no es una quimera. Que tenga dos laterales que se proyecten con convicción. Que los volantes de creación le aporten mayor despliegue físico al conjunto. Los delanteros, que sean más potentes y precisos.
Con eso sueño, con el concepto claro de sacrificio, con una mejor preparación, pero por sobre todo ello, consiguiendo definir una identidad futbolística: es decir, saber a qué se quiere jugar, y hacerlo. Ese es mi sueño de periodista. El anhelo ferviente de un todo un país.
Por: Gonzalo Melo Ruíz