Se gana, se empata o se pierde

Enviado por robert el Lun, 31/03/2014 - 12:51

Sin lugar a ninguna equivocación, el fútbol es el deporte de multitudes y la pasión de millones de seguidores en todo el planeta pero, simplemente, es un deporte, donde se puede ganar, empatar o perder. Dentro de los parámetros normales, el ser humano de bien, cualquiera que sea el resultado, lo acepta con la alegría o la tristeza –de acuerdo al caso-. Sin embargo, existen algunos aficionados que no son hinchas sino fanáticos, y que, debido a su prepotencia, propia del galopante complejo de inferioridad que tienen, no solo que no aceptan los resultados, sino que son los directamente incitadores de la violencia, que tanto se repudia en el mundo entero.

 

Aunque nadie debería justificar situaciones sobre los resultados dados, sin importar como fueron conseguidos, es posible que si quienes así se manifiestan son: directivos, hinchas o, hasta jugadores no sea de mayor gravedad pero, que sean algunos directores técnicos de los equipos quienes traten de justificar señalando a los árbitros como los responsables, no se trata sino de su propia impotencia de no haber cumplido como ellos deseaban. Sin embargo, eso depende de la educación y formación de la personalidad que tiene cada uno de ellos.

 

Qué grato es escuchar a técnicos como Gerardo “Tata” Martino del Barcelona de España quien luego de perder un partido, sale a la rueda de prensa y dice: “hoy nos tocó perder y felicito a los rivales que fueron mejores que nosotros”. Eso, señores, es educación y calidad humana. Recuerden lo que dice uno de los más viejos dichos: “lo cortés no quita lo valiente”. Pero, para ello, primero hay que ser un hombre de bien. Con todo lo que sabe y puede, sin embargo, ya le buscan remplazo para el próximo año, aunque tiene dos años de contrato en el famoso barza.

 

Nadie desea decir que los arbitrajes en Ecuador son una maravilla pues, eso no se lo cree nadie en el planeta. Existen buenos arbitrajes, regulares y malos pero, eso se debe a que quienes dirigen los cotejos, de este encantador deporte como es el fútbol, son seres humanos propensos a errar. Solo Dios no se equivoca y todo lo hace perfecto pero, en las actividades de los seres de este planeta tierra, nadie es perfecto y los errores son muchos. Lo importante es, considerar que esos errores fueron de buena fe, ya que, si fuera lo contrario, es en los tribunales de justicia donde se ventilan esas acusaciones. En cambio, algunos técnicos mediocres, aprovechan los medios de comunicación para justificar las derrotas pues, lo más importante para ellos es figurar, cuando no se dan cuenta que los “llorones” son, simplemente eso, acomplejados que no sirven para nada.

 

Ojalá los técnicos ecuatorianos que, lamentablemente, los equipos del país les dan poca bola, aprendan lo bueno y no lo malo de estos mediocres que vienen del exterior y ya se creen “la mamá de Tarzán, cuando no dejan de ser sólo la mona chita”. Recuerden que lo más importante en la vida de todo ser humano, primero es ser gente de bien. Gente que analiza las cosas dando el valor requerido para cada actividad y, tomando las decisiones que no lo lleven a hacer el ridículo, sino sobre todo, que  demuestren ante la opinión pública, que se trata de un ser humano que vale por lo que es y, no por lo que dice –el mismo- que vale.

 

Con este comentario no deseo herir susceptibilidades de nadie, especialmente de los buenos directores técnicos extranjeros que han llegado al país para dirigir algunos de los equipos del actual torneo nacional, pero sí, para aquellos que se merecen estas palabras y muchas más. Mi abuelo, muerto hace 65 años decía: “lanza el guante, al que se lo chante”. Cuánta verdad decían nuestros antepasados.

 

Confío que todo vuelva a la normalidad y, todos quienes intervenimos en este maravilloso mundo del fútbol, actuemos de acuerdo a nuestras consciencias y, tengamos un buen campeonato ecuatoriano, y que, al final del año, quien se lleve el título máximo, sea –simplemente- el mejor. Finalmente debo decirles, que lo dicho no es más que mi opinión personal.

 

Por: Jorge García Romo