El día que Scolari tuvo su primer tropiezo en un Mundial.
El brasileño Luiz Felipe Scolari no sabía lo que era perder en un Mundial, hasta que un Zidanazo se interpuso en su camino.
Scolari, que el 9 de noviembre cumplirá 58 años, perdió la condición de técnico imbatible que ostentaba desde hace un año y medio.
En el segundo mundial de su carrera, el brasileño sufrió su primera derrota el 5 de julio ante Francia, en la fase semifinal que acabó con el sueño de los portugueses de disputar el título.
Era el cabalístico número trece de los partidos que dirigía.
Hasta encontrarse con Francia el miércoles en Múnich, Scolari acumulaba once victorias seguidas y un empate (0-0 con Inglaterra en el tiempo reglamentario que luego ganaron por penaltis en la tanda de penaltis).
Con la selección de Brasil, a la que condujo al quinto título del Mundo en 2002, Scolari ganó siete partidos.
El gol de penalti marcado por Zinedine Zidane puso también fin a la condición de imbatible que los portugueses mantuvieron durante diecinueve partidos.
Fueron quince triunfos y cuatro empates. En total, siete partidos de las eliminatorias mundialistas, siete amistosos y cinco partidos del Alemania 2006. El último tropiezo de los españoles se remonta al 9 de febrero de 2005 en Dublín ante Irlanda.
En partidos oficiales Portugal no perdía desde la final de la Eurocopa 2004, en propio territorio luso, el 4 de julio.
La bronca del ex seleccionador brasileño tenía el jueves otras motivaciones, más allá de las estadísticas.
En un partido equilibrado en el que dijo sentirse perjudicado por las decisiones del árbitro uruguayo Jorge Larrionda, Scolari vio esfumarse la posibilidad de un sueño: superar el tercer lugar que Eusebio y compañía ganó obtuvieron hace cuarenta años, en el Mundial de Inglaterra.
El sábado Alemania será el obstáculo para igualar esa marca. Pero el técnico tendrá a su vez que sacar lo mejor de sus recursos como incentivador para elevar la moral del grupo.
Para ellos, el límite era Berlín y no Sttutgart, donde se disputará este sábado el compromiso por el tercer puesto, para muchos un indeseado premio de consolación.
Voy a trabajar con los muchachos ahora. Dejar pasar toda esa melancolía, esa situación de estar a un paso y no conseguirlo. Debemos olvidar el partido con Francia y concentrarnos para buscar el tercer lugar, que también es muy interesante, dijo con inocultable resignación.
Para alguien que conquistó el título en el último Mundial con una constelación de estrellas brasileñas que llegaron desacreditadas y sin mucha fe, un tercer puesto cuatro años después parece poco.
Melancolía sí, decepción no. El técnico que se niega a hablar de su futuro antes del fin de su contrato con Portugal, el 31 de julio, se siente orgulloso de sus pupilos.
Hicimos un óptimo Mundial. No puedo hablar de decepciones, pues nuestro equipo jugó a lo que queríamos. Llegamos al lugar al que no llegábamos hace cuarenta años, puntualizó Felipao.