Lehmann es el nuevo héroe alemán y otra vez Klinsmann tuvo razón.
A Jürgen Klinsmann le sale todo bien. Nadie, hoy, tras la clasificación a semifinales a costa de Argentina, se querrá acordar de las críticas que cayeron sobre él cuando decidió que Jens Lehmann fuera el portero titular de la selección.
Lehmann se ha convertido en héroe con sus dos penaltis parados en la definición de los cuartos de final que hizo que Alemania se sacara del camino al rival más difícil que ha tenido hasta ahora en el Mundial, Argentina.
El meta del Arsenal ya era desde antes conocido como un portero antipenaltis y Juan Román Riquelme había tenido que sufrirlo en la semifinal de la Liga de Campeones.
Hoy, sin embargo, el nuevo enfrentamiento entre Lehmann y Riquelme no se dio pues el jugador argentino había salido del campo antes de que terminase el tiempo reglamentario y no pudo participar en la tanda de penaltis.
Las víctimas de Lehmann hoy fueron Roberto Ayala, que hizo un lanzamiento débil e impreciso, y Esteban Cambiasso, que le pegó más fuerte pero sin colocación y se encontró con el cuerpo de Lehmann que fue el protagonista de la nueva tarde de fiesta germana.
Tenemos en Jens Lehmann a un portero que había parado ya muchos penaltis en su carrera y hoy agregó dos más, por eso estamos en semifinales, dijo hoy Klinsmann, después del partido.
El ascenso a los altares de Lehmann, sin embargo, no fue hoy el único nuevo triunfo personal de Klinsmann al poner su equipo en semifinales, lo que hace apenas un mes ni los más optimistas en Alemania se hubieran atrevido a pronosticar.
Klinsmann otra vez tuvo suerte con los cambios. Sacó a Bastian Schweinsteiger, uno de los consentidos de la afición, y metió a Tim Borowski. Borowski le respondió, no sólo jugando un buen partido sino prolongando de cabeza el balón en un jugada decisiva que produjo el gol del empate de Miroslav Klose, cuando Argentina parecía estar pensando ya en semifinales.
Luego Borowski estuvo entre los lanzadores de penaltis y marcó. Al igual que Olvier Neuville, que había entrado por Lukas Podolski. Y también marcaron todos los demás que tuvieron que probar puntería desde el punto blanco, empezando por el capitán Michael Ballack.
Ahora muchos dirán que eso fue producto de la concentración, que se entrenó en una práctica casi surrealista de tiro con arco durante la semana de la que, con el prestigio que ha ido ganando Klinsmann, ya nadie se atrevió a reirse como hubiera ocurrido hace un par de semanas.
Una definición por penaltis es cuestión de nervios. Y el portero también pesa mucho, explicó hoy Klinsmann que, durante la semana, había dado a entender que no merecía la pena ensayar lanzamientos de penaltis en los entrenamientos.
Para Klinsmann, la clave del triunfo de hoy fue la fe de sus jugadores en sí mismos.
Nunca dudamos de que ganaríamos. Ni siquiera cuando estuvimos en desventaja. Siempre estuvimos convencidos de que íbamos a ganar y con esa mentalidad llegamos a los penaltis, dijo Klinsmann.
Creemos en nosotros mismos, dijo Klinsmann, repitiendo lo que ha dicho hasta la saciedad desde que asumió el cargo de seleccionador y con una insistencia que ha terminado por convencer a los más escépticos.
Además, Klinsmann también aprovechó hoy, esta vez con una sonrisa serena, para reiterar la meta que se impuso desde que empezó su trabajo. Queremos ser campeones del mundo, dijo.
Hoy Alemania, en buena parte gracias a Lehmann, ha dado un paso de gigante en esa dirección así haya sido en un partido con un dramatismo que hizo que Klinsmann lo comparara con una película de Hitchickok.
En un partido así, si uno gana el final es el más feliz del mundo. Y el que pierde es el más triste del mundo, dijo Klinsmann que parece haber hecho renacer el viejo mito de que el fútbol es un partido entre dos equipos de once jugadores en el que al final gana Alemania.