Cara y cruz.

Enviado por bielo el Lun, 10/04/2006 - 21:49

El deporte ecuatoriano vivió en estos últimos días, las dos caras de la medalla. Por un lado la alegría que el atletismo nos deparó en el Sudamericano de Marcha celebrado en Cochabamba – Bolivia y la tristeza enorme por la paliza que el equipo brasileño de Copa Davis nos propinó en nuestro país. Es verdad que en el deporte se gana y se pierde, pero más allá del simple análisis del resultado, hay ciertos aspectos que merecen ser tomados en consideración.

El atletismo y en forma particular, la marcha, ha tenido, desde la aparición de ese fenómeno llamado Jefferson Pérez, un enorme desarrollo y progreso, y las actuaciones del andarín azuayo, no solo que lo han convertido en el mejor deportista ecuatoriano de todos los tiempos, en orgullo nacional, sino también en un ejemplo para el país. Cuando hay trabajo, planificación, sacrificio y dedicación se puede conseguir incluso aquellos objetivos y metas que parecen inalcanzables. La cuidad de Cochabamba fue el escenario en el cual Jefferson Pérez, ratificó su gran categoría mundial y como estaba previsto y sin mayores inconvenientes logró la medalla de oro en los 20 Kilómetros, evidenciando, lo que hace pocos días consiguió en México en una de las paradas del Grand Prix en la cual se dieron cita los mejores andarines de diferentes países. El equipo ecuatoriano de Marcha también logró un importante triunfo en la prueba de 50 Kilómetros, consiguiendo el uno dos, bañándose en oro y plata. Segundo Peñafiel se ubicó en primer lugar y Fausto Quinde fue segundo.

Lo de Quinde merece un capítulo aparte. Hasta hace pocos años, este deportista competía en Olimpiadas Especiales, es sordo mudo de nacimiento, su afán de superación y estimulado por Jefferson Pérez lo llevó a buscar otros horizontes y hoy se ha convertido en un deportista de élite. El próximo mes de mayo, en La Coruña - España, se realizará el Mundial de la especialidad, será la competencia más importante y a la vez más difícil, seguro estoy que capitaneados por el gran Jefferson, nuestros representantes cumplirán una destacada actuación y otra vez el país tendrá un motivo para sentirse orgulloso.

La cruz, y la desilusión esta vez vino de la mano del tenis. El equipo ecuatoriano cayó sin atenuantes ante Brasil. Fue tan evidente la superioridad de los visitantes, que no hubo necesidad siquiera de disputar el quinto punto. Los hermanos Lapentti esta vez no pudieron reeditar esas memorables actuaciones de otros tiempos. La prematura lesión de Giovanni, en el primer match ante Sareta y el bajo nivel de Nicolás, que está en un proceso de recuperación, luego de la hepatitis que lo ha tenido fuera de las canchas en los últimos meses, fueron determinantes para esta estrepitosa caída. Pero más allá del resultado, si nos deja una enorme preocupación sobre el futuro del tenis ecuatoriano. No hay renovación, no aparecen jugadores con presencia y jerarquía internacional, hoy por hoy, si no están los hermanos Lapentti, prácticamente son muy pocas las posibilidades de éxito en la Copa Davis. Qué lejos parecen estar los tiempos en que con Andrés Gómez, Ricardo Icaza o el mismo Raúl Viver, actual capitán de Copa Davis, nuestro país se codeaba de igual a igual con las grandes potencias del tenis y prácticamente vivíamos dentro del grupo mundial. Hoy hay que apostar a la recuperación de Nicolás que en su mejor momento llegó a ser séptimo en el ranking de la ATP. Una recuperación que debe llegar con las ganas de seguir ganando un nombre, de seguir luchando, en definitiva con el hambre y el deseo de los que apenas comienzan. La derrota ante Brasil debe servir para que los dirigentes del tenis nacional reflexionen y replanteen sus políticas y normas de trabajo. El mayor de los Lapentti ha anunciado que en un par de años dejará la actividad, colgará la raqueta, Giovanni podrá mejorar su rendimiento y ojalá pueda llegar a estar entre los cien mejores, pero después de ellos, cuál es el futuro para el deporte blanco en nuestro país, en un deporte donde vemos a diario que elementos con 17 o 18 años son figuras mundiales y que cada día aparecen más y más jugadores con enorme talento y proyección, acá en nuestro país no pasa nada, ya que más preocupan las luchas internas o los intereses personales, que trabajar en busca de elementos que le vuelvan a dar a nuestro tenis el lugar que siempre ocupó. Por el momento no queda más que trabajar para superar el escollo que nos permita mantener al menos el cupo dentro del grupo 1 de la zona americana.