Que Dios te lleve por los caminos de la humildad y éxitos
La felicidad será la permanente invitada en las mesas de los miles y miles de auquistas en todo el territorio ecuatoriano al terminar el 2014 y al iniciar el 2015. Aucas terminó el sueño del ascenso con un empate 2-2 (goles de Jimmy Delgado 38 “ y Lauro Cazal 25 min) ante el Deportivo Azogues que fue un digno rival.
Las banderas amarillas se agitarán en todos los hogares del interminable sur. Los proyectos se consolidarán y los sueños tendrán el pasto liso, ideal para el talento de los campeones. ¡Qué alegría de los ídolos en un estadio compacto y alegre!. ¡Qué capacidad física y técnica!. ¡Que triunfo más justo!. Volvió al pedestal de la fama un hijo ilustre del fútbol ecuatoriano y un indiscutible ganador. El “Papá” está de vuelta para gozo de todos los que le apoyaron, pero principalmente para direccionar al fútbol quiteño, en la búsqueda de nuevos derroteros, aquellos que marquen la diferencia de una competencia fuerte, agresiva y conciliadora.
Y es que los ingredientes fueron variando, como aquella metamorfosis interna que los volvía fuertes y vencedores. Ante la LDU.P se jugó con los nervios de punta. Se expuso protagonismo y ansiedad El festejo fue interminable. Y bueno, el fútbol es indescifrable, pero apasionante, emocionante y dramático; fuego y ceniza, explosión de júbilo y lágrimas. Atrás quedaron los desbordes del espectacular Jimmy Delgado, símbolo de la lucha permanente de un equipo que al final pudo sonreír, que siempre fue humilde, que respetó a todos los rivales de turno, aunque a la hora de la verdad no tuvo contemplaciones, insistiendo en una permanente búsqueda hacia el gol, donde los aciertos fueron más que los errores. Veinte y dos veces gritó el Gooooool…..¡Que goleador !
Con su característica solidaridad y prolijidad; con el estilo Lauro Cazal y las ingeniosas apariciones del “Choclo” Quinteros, asumiendo la iniciativa y el libreto ganador, Aucas salió aplaudido por sus miles de hinchas en esa marea amarilla avasallante y letal.
EN CUALQUIER CANCHA
Cuando Jimmy Delgado logró el gol de apertura, en cualquier cancha, en cualquier domingo, lo hizo de un modo fino y elegante. En su festejo, el respetó al fútbol, ese que lo lleva adentro, con aquella humildad que emociona y conmueve. Un caso extraordinario de referencia técnica y liderazgo ofensivo.
Entonces el balance es simple: equipo con gran equilibrio, con gran madurez, que impone respeto y es implacable al momento de definir. Se buscó e intentó sin dar tregua, se falló es cierto y se terminó con nervios, pero el estilo y la convicción no se sueña ni se inventa. Las lágrimas de muchos y los abrazos de todos, se convierten en el reconocimiento a una gran labor, defendida al final por Jerónimo Costa, un veterano del gol que estuvo erguido, atento y mandón.
Aucas entró a la cancha, cumplió como un equipo maduro e inteligente, que arriesgó lo necesario e imprescindible en el momento preciso y fue infinitamente más siempre.
Manejó el campeonato son sobresaltos a veces y parsimonia en otras, nunca dio la sensación de que podía perder. Tuvo respeto por sus convicciones y nunca fue ingenuo. Por eso este fútbol alegre y serio a la vez, rebosante de responsable creatividad e inteligente dinamismo basado en el respeto por la pelota y el espectáculo, este fútbol que significa sentimiento de algo grande, como su nombre mismo, es un orgullo para el país, es una bandera que flameó en los áridos campos, donde ganar es una hazaña y empatar es haber salvado el pellejo.
Cuando Jimmy Delgado puso el sello del campeón, todo estaba definido, tras los retoques obligados de Juan Ramón Silva y su espectacular equipo de apoyo con Darwin Veloz, Fredy Bone, Omar Vilema y Omar Cisneros, y el mago de la nutrición, José Narváez (El Chef) vino la explosión en el sur de Quito, en aquel “Fortín del Sur”, donde nació el proyecto de retorno. Solamente ahí vimos, vimos la enorme categoría de un conjunto que puede aspirar a cualquier éxito y en cualquier cancha.
Y para ser honesto, como lo he sido ayer, hoy, mañana y siempre, aunque esto me haya costado duras retaliaciones de los gandules y pelafustanes del deporte, debo resaltar la extraordinaria labor de Ramiro Gordón, gestor de esta hazaña y del engrandecimiento de esta gran institución; y, de dirigentes como Ximena Moreta, Miguelito Guachamin, Doña Nancy Salazar, Mónica, la soñadora del proyecto que hoy es realidad; de Stalin, Viviana y Paola Gordón, así como los obreros del club, Oswaldo Paredes, Roberto Perrazo, Manolito Illezcas y Raúl Camacho, hombres y mujeres hombres del equipo más querido de Quito, seguirán siendo el orgullo de un pueblo que nunca se cansó de luchar y que solo ahora puede sonreír, porque el propósito de retornar a la serie de los grandes se cumplió.
Ahora viene el cerebral trabajo del 2015. Hay que armar un equipo de respeto, hay que consolidar un proyecto económico. Hay que darle todo el apoyo al maestro Silva. Y a los hinchas decirles que solo con su apoyo, el equipo será fuerte y competitivo. Y si no hay esto, que no pidan resultados ni grandes espectáculos. Qué sea lo primero, que caminemos todos juntos, viéndonos a los ojos, aferrándonos al principio sagrado de unidad.
Por: Gonzalo Melo Ruíz