Ecuador, el ¡sí se puede de siempre!
Las pinceladas de Enner Valencia (34 y 65 min), el héroe del “Arena da Baixada” (Curitiba) y la cereza del pastel del notable “Dida”Dominguez determinaron el triunfo indiscutible de la “Tri” ante el combativo y rústico Honduras. No hay tiempo para a festejar. El mensaje de hombría, capacidad y temple, está más vigente que nunca. Fueron 94 minutos de sufrimiento, desesperación y solo al final de manos levantadas hacia el cielo. Pero así se gana la idolatría, así se escribe con mayúsculas la historia deportiva de un país diferente, luchador, corajudo y ganador.
Desde el primer segundo Ecuador mostró un fútbol solidario, mandón, solvente, rápido que dejó sin reacción ni piernas al desconcertado rival, que aprovechó un desatino de Guagua, para ponerse en ventaja, tras avivada de Carlos Costly (31min) que no pudo anticipar en la contención.
Fue un golpe a la mandíbula que a cualquier otro equipo lo hubiera dormido, pero fue todo lo contrario, las 12.000 personas presentes en el fortín de Curitiba levantaron a Enner y lo llevaron a ser uno de los grandes aportes por el sector central del ataque ecuatoriano.
Tres jugadas electrizantes. Dos arranques de Felipao, y otro del indescifrable Jefferson Montero, ofrecían un panorama alentador. Honduras apelaba a la agresión a mansalva de los “Catrachos” ante la mirada complaciente de un juez permisible y totalmente equivocado.
Pero todo era cuestión de paciencia y solidaridad. Ahí aparecieron los guerreros de siempre. A los 34, la “Hormiguita” Paredes en una noche de inspiración, con talento y precisión, clavó el balón en el área, que se cruzó mágicamente, como pidiendo la presencia del elegido del gol, llegando Enner que de zurda, magistralmente, acarició el querido “Brazuca” para poner la justicia en una lucha sin cuartel. El cemento del estadio “Arena” se estremeció. El 1-1 ponía algo de justicia al espectacular encuentro de Ecuador.
En la complementaria, Ecuador dueño del balón, ideas y producción meritoria en el medio campo, recibió la escapada del excelente Jefferson Montero, que fue derribado por el destroncador Brayan Beckeles, permitiendo que aparezca la calidad de Walter Ayoví Corozo, que cobró de zurda, clavando el balón en las entrañas del enemigo, dejándolo sin conciencia, tras el soberbio cabeza de Enner que se elevó como un ángel que quería llegar al cielo, poniendo el inolvidable 2-1.
¿La actitud de hombres ganadores y luchadores. ¿Debió ganar la Tricolor? ¡Pero por supuesto! Eso es lo que vimos en la impecable cancha del Arena da Baixada” (Curitiba). Nadie puede discutir que nuestra selección tuvo todo, pero realmente todo a su favor, para quebrar con una historia que establece que ante Chile había episodios tristes y dolorosos, hasta goleadas. Fue nuestra tarde, jugamos con garra, fuerza, garra y corazón, algo que antes era patrimonio de los “araucanos”. Por eso la puja avanzó sin sobresaltos.
A veces parsimonia, en otras vértigo. Ecuador se movió con criterio, tocó el balón, cambió de ritmo, metió pases profundos, con la sapiencia de un Luis Fernando Saritama, preciso y desbordador, obligando a los chilenos (Contreras y Vidal) a utilizar las malas artes, casi siempre agarrándose con las uñas de la cornisa donde jugaron todo el partido, siendo expulsados, mientras sus desfallecientes compañeros, sin ideas, perdían el duelo en la zona vital del fútbol, con laterales que eran fácilmente superados por las saetas ecuatorianas.
No hubo tiempo para festejar. El martes viene la nueva puja contra Venezuela (17h00), en la ardiente Puerto La Cruz.
Ese coqueteo con la gloria ante Paraguay, fue el mejor epílogo para aquella tarde y noche fantástica, en la que se respetó la filosofía de jugar para ganar, destrozando sistemas, con un Jefferson Montero, ingenioso, intratable, inteligente, preciso y goleador.
A los 14 minutos, Luis Caballero puso la primera para Paraguay. Pasando del nervio a la pausa y claridad, Filipao, a los 31 minutos, metido en el corazón del área decretó la igualdad, tras perfecto cabezazo. Así se fueron los equipos al descanso. A los 49 minutos Jefferson Montero aumentó el marcador, con una jugada de mundial. A los 54 el ‘Chucho’ Benítez puso la tercera, tras baile excepcional de Montero a su marcador para poner el centro que destapó la euforia colectiva. Y para finalizar el concierto, el director de orquesta, Jefferson Montero puso la cuarta (69), mientras su varita mágica daba por terminado el concierto pre-Brasil 2014.
Ecuador mostró potencia, solidaridad, generosidad y un temible despliegue de ideas. El mazazo inicial lo transformó en cargas inagotables que siempre corrieron a 200 km por hora. Al final, impertérrito, derrochando físico y un montón de cargas para gol, la “Tri” se toma un descanso hasta junio para seguir alimentando el sueño de Brasil 2014.
Aquella versatilidad inicial, junto a un planteo exitoso y sorprendente, sobrio y sin sonrisas, nos quitó cualquier duda. Ecuador lució tan efectivo cuando escalonaba, junto a un superávit inmenso en la posesión del balón, como cuando atacó con cinco y seis elementos.
Las puñaladas de Jefferson Montero, participante en los cuatro goles de Ecuador, hirieron gravemente a la sorprendida zaga llanera, que nunca pudo detener el aluvión que por derecha generó el “Toño “Valencia jugadorazo ecuatoriano, valor indiscutible del Manchester United.
Ecuador marcó los tiempos, puso inteligencia, pausa, rigor, amistad y solidaridad; la búsqueda permanente e incesante de espacios provocó la desconcentración de los visitantes que cayeron luchando, sin regalar nada, de pie.
Por eso, cuando vino el primero del encuentro (Luis Caballero), tras un rechazo débil de Gabriel Achillier las 33.048 voces presentes en el estadio Olímpico, levantaron su fervor, convirtiéndose en el jugador N.- 12, mientras el cemento del legendario estadio Olímpico Atahualpa, se estremecía y aplaudía la madurez, equilibrio y talento de sus jugadores. Y cuando vino el empate de Felipe Caicedo, la locura se sintió en todo el país.
Pero fue en la segunda parte donde Ecuador desolló al contrincante. Desde el primer segundo Ecuador mostró un fútbol solidario, mandón, solvente, rápido que dejó sin reacción ni piernas al tambaleante rival, que vestido de rojo-blanco, soportó el primer golpe en la mandíbula, quedando al borde del nocaut tras el certero cabezazo de Felipe Caicedo.
Ecuador ganaba la batalla táctica, generó cinco opciones de gol y con las hechuras de Filipao, Chucho, Antonio y el sacrificio de Saritama, creó sepultó las ilusiones de Paraguay que se quedó sin mundial.
Fue nuestra tarde. Jugamos con garra, fuerza, garra y corazón, en estas eliminatorias, patrimonio de un solo equipo: Ecuador. Por eso la puja avanzó y terminó sin sobresaltos.
A veces parsimonia, en otras vértigo. Ecuador se movía con criterio, tocando el balón, cambiando de ritmo, metiendo pases profundos, con la sapiencia de un Antonio Valencia, preciso y desbordador, como en el Manchester United, obligando a Paulo Da Silva a cometer una serie de infracciones. Paraguay rogaba a dios que termine la contienda y agarrándose con las uñas de la cornisa donde jugó todo el partido, veía un panorama desolador, porque todos sus miembros desfallecientes, sin ideas, perdían el duelo en la zona vital del fútbol, con laterales que eran fácilmente superados por las saetas ecuatorianas.
La personalidad avasallante de Ecuador fue fundamental para este primer alegrón, pues una vez más y ante el mismo Paraguay, tuvo que sacar fuerzas y calma, para empatar y luego golear. Mostró mayor en su gente para jugar un estilo; el tratamiento prolijo del balón; la extirpación del palotazo como una fórmula ofensiva y el superávit de juego final, adornaron un epílogo triunfador y efervescente.
Ecuador: Alexander Domínguez; Juan Carlos Paredes, Gabriel Achilier, Frickson Erazo, Walter Ayoví; Pedro Quiñónez, Cristhian Noboa, Antonio Valencia, Jefferson Montero; Christian Benítez y Felipe Caicedo.
Por: Gonzalo Melo Ruiz